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Al día siguiente. Por el Día Internacional de la Mujer

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Venía el 8 de marzo, ya lo sabías; querías escribir algo, Maureen.  Querías contar la historia de esa foto al pie de las escaleras, de la experiencia extraordinaria de viajar a México para graduarte del Diplomado de Escritura Creativa de la UNAM, contar que ya habías desechado la idea de asistir pero que la generosidad de tu amiga Andrea te dio un empujón y lo hizo posible. Querías contar que llegaste al mundo de la literatura no tan joven, cuando finalmente estuviste lista y te empoderaste, y cada año cuando el Diplomado recibía nuevas postulaciones participabas con toda la ilusión del mundo.  Tres veces solicitaste ingreso, hasta que te aceptaron.  Y por esa razón esa foto sabe a pódium, por ser tan valiente y darte permiso de emprender el camino de formarte y ser escritora.  También querías hablar de tus ancestras , de cómo con la edad te ha llegado más comprensión, más empatía, hasta perdón si se quiere. Esas mujeres hermosas, curtidas, con cicatrices en el cuerp...

Irene Vallejo y yo

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Empiezo por lo primero. No he leído "El infinito en un junco". Me emocioné cuando supe hace algunos meses que Irene Vallejo, su autora, vendría a Costa Rica, como parte de la Feria Internacional del Libro (FILCR) . "¡Qué dichosa, Maureen, andá a escucharla, es maravillosa!" me dijo mi amiga Guadalupe, desde México.  Primero pensé que podría leer el libro en dos semanas, al terminar el curso que estaba llevando en la Universidad. Y luego me tranquilicé: "Calmate Maureen. Ese es un libro para disfrutar". Así que me fui al conversatorio de la Universidad de Costa Rica el 21 de julio con un "oído virgen". Mi bagaje previo estaba integrado por algunas  notas leídas en internet y por el conocimiento de que "El infinito en un junco" cuenta la historia del libro y ha sido una obra hipermegapremiada.  Algo más... También había notado en los comentarios de redes sociales el fastidio de algunas personas por la mucha atención que se le ha dado en ...

El itinerario de una lectora que también se antojó de escribir

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Esta es una entrada por el Día del Libro y también para hacer un anuncio hermoso, que me tiene ilusionada. Pero antes, un relato.  Desde que tengo memoria he amado los libros. En mi casa de adolescencia había algunos, supongo que comprados con  grandísimo esfuerzo, acomodados en un estante al que mi hermana Adriana y yo llamábamos "la biblioteca". Mami me enseñó a leer y escribir desde pequeña y en ocasiones especiales recibí libros como regalo; así llegaron a mi vida "Corazón", de Edmundo de Amicis y los cuentos de Andersen, entre los que recuerdo. Papi también llevaba a la casa libros de compra y venta; él, que aprendió el hábito de su mamá, Tita Maruja.  Hubo una de estas adquisiciones, en particular, que marcó mi relación con la literatura: un tomo (eso fue lo que me compró Pa, un único tomo) de la enciclopedia "Mi libro encantado". Llevó uno para Adri y otro para mí; el mío se titulaba "Páginas de oro".  Traía resúmenes de obras clásicas de ...

¿A qué hora escribo si hay que ganarse el pan? (Rutina de escritora en América Latina)

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Los artículos en internet son tantos que si obtuviera un dólar por cada uno que encuentro, armaría un fondo suficiente para mantenerme el resto de la vida y dedicarme a la literatura. ¿El tema? En qué momento sacamos la tarea quienes escribimos. En este abril, en que hablamos tanto de libros, recordé los grandes desafíos que enfrentamos quienes hemos decidido escribir (y además, hay que reconocerlo, el puntaje es doble cuando se es mujer). Este es un asunto omnipresente en las entrevistas a escritores, principiantes y consolidados, y elemento compartido con quienes se dedican al arte. Como periodista relacionada con asuntos culturales he tenido contacto con el trabajo de muchos artistas. Así que estoy familiarizada con los relatos de gente de teatro o de danza que trabajan en oficinas, aulas y cafeterías, para ensayar por las noches y finalmente presentarse en una temporada que ronda las siete funciones. ¿Por qué habría de ser diferente para los escritores? En mi caso soy funcionaria p...

Invierno de mis amores

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En octubre llueve mucho, toneladas de agua. No me quejo; yo amo los aguaceros con su oportunidad para ver tele o leer abrigada, con un buen café. En medio de temporales nacieron nuestros hijos y el día en que Víctor y yo nos casamos, la colita de un hurucán aporreaba el Pacífico Central (claro, eso carece de toda importancia cuando uno está de luna de miel).

México II. Para Víctor, el Negro, en su cumpleaños

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La pinta nos delataba absolutamente como turistas. Era un sueño vernos ahí, juntos, a punto de recorrer a pie el Paseo de la Reforma. El año pasado habíamos enfrentado un incidente de salud que puso en duda todo el viaje. Pero Dios, en su bondad, nos permitió llegar a esa mañana calurosa de marzo en que nos abocábamos a conocer una esquinita de la enorme Ciudad de México (CDMX). Caminamos una barbaridad ese viernes. Al final del relato les contaré la cantidad de pasos que marcó el reloj de Víctor. 

México lindo y querido. Crónica 1

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Nunca vi el Nevado ni alcancé a usar el abrigo para los potenciales 10 grados que mencionaba la página del clima. Si presencié, en cambio, un jardín inolvidable, iluminado por vitrales a la caída del sol, y me sentí en casa al lado de gente de toda Iberoamérica que también trabaja en archivos, quijotes del Siglo XXI que hablan de inteligencia artificial, transparencia y derechos humanos. Aquí les comparto la primera crónica de mi viaje a México, en este episodio centrado en Toluca. No vaticiné lo mucho que me iba a impresionar este país.