Al día siguiente. Por el Día Internacional de la Mujer


Venía el 8 de marzo, ya lo sabías; querías escribir algo, Maureen. 

Querías contar la historia de esa foto al pie de las escaleras, de la experiencia extraordinaria de viajar a México para graduarte del Diplomado de Escritura Creativa de la UNAM, contar que ya habías desechado la idea de asistir pero que la generosidad de tu amiga Andrea te dio un empujón y lo hizo posible. Querías contar que llegaste al mundo de la literatura no tan joven, cuando finalmente estuviste lista y te empoderaste, y cada año cuando el Diplomado recibía nuevas postulaciones participabas con toda la ilusión del mundo. 

Tres veces solicitaste ingreso, hasta que te aceptaron. 

Y por esa razón esa foto sabe a pódium, por ser tan valiente y darte permiso de emprender el camino de formarte y ser escritora. 

También querías hablar de tus ancestras, de cómo con la edad te ha llegado más comprensión, más empatía, hasta perdón si se quiere. Esas mujeres hermosas, curtidas, con cicatrices en el cuerpo y en el alma, hicieron lo mejor que pudieron. No dudás que en su vidas hubo maltrato y mucha ira; pero también amor. Y desde el amor te dieron lo mejor que tenían. Querías contar que hoy las recordás cuando acariciás un peluche viejo o cultivás violetas; cuando hacés macarrones con tomate o mirás tus facciones en el espejo; cuando te pintás las uñas y observás la forma de tus manos. ¡Qué matriarcado poderoso del que venís! A mucha honra. 

Querías hablar de las mujeres de otros mundos, que tienen sus propias ilusiones y tragedias, sus propias ancestras: las afganas en sus burkas, las iraníes incendiándolo todo para que las dejen ir a la escuela, las gazatíes y las ucranianas que se deshacen en gritos sobre el cuerpo de sus muertos. Querías recordar a las mexicanas que buscan sin cesar fosas clandestinas, a las venezolanas que suben y bajan el continente con la prole a cuestas, a las cubanas que se empiezan a quedar incluso sin lo más básico para seguir haciendo milagros como en los últimos años y a las ticas que siguen muriendo a manos de sus "compañeros".

Todo eso querías decir. Pero se te enredó la agenda. 

No todo fue negativo, fuiste a cuidar tu jardín querido, sacaste un rato para descansar y visitaste la iglesia que es algo que te encanta. 

El problema es que el resto del tiempo se te hizo agua. Hay que ganarse el pan (¡ya desearías un mecenas!) y el oficio doméstico no termina. Por mucho que otros hagan, vos sentís (al igual que tantas mujeres en el mundo) que vos invertís más horas en esta vaina de limpiar, lavar trastos, recoger cacas de perro, limpiar ventanas, cocinar, volver a lavar trastos, limpiar baños, barrer, pasar el trapo, lavar trastos otra vez... En fin, el cuarto propio ya lo tenés; lo que te falta es tiempo para aprovecharlo. 

Y bueno, hoy pensaste en la avalancha de mensajes que circuló ayer en internet por el Día Internacional de la Mujer y que muchos de ellos decían que esa reflexión no solo es pertinente para un día, sino para todos los del año. Y entonces pensaste que era super válido escribir al respecto hoy. A tanta cosa llegamos las mujeres en carrera cuando están a punto de cerrar la puerta; nada de raro tiene que llegués así al blog, despeinada y acomododándote la ropa, pero dispuesta a entrar y sentarte en tu silla.  

En medio de todo, estás contenta y agradecida. Sos consciente que hace apenas dos o tres generaciones las mujeres se sentían un tanto tristes cuando al dar a luz sabían que habían parido una niña... les esperaba tanta dificultad y dolor. 

Aunque sea rasguñando minutos tenés la oportunidad de sentarte a escribir y eso te hace inmensamente feliz. 

Esta semana tenés, además, otra ilusión. Vas a ir al cine a ver "Hamnet" y si es tan buena como el libro estarás ante una obra maestra. Sabés, sin embargo, que vas a pensar con envidia y admiración en Maggie O´Farrell. ¡Qué pedazo de escritora! Te vas a preguntar cuánto apoyo (real, práctico, tangible) requieren las escritoras de América Latina  para dedicar más tiempo a su arte. Si tan solo hubiera más becas y concursos que acepten a mayores de 35 años... Sabés que se te va a revolver la panza pensando en esa discriminación por edad, será que las editoriales ya no ven mercado y futuro en escritoras que inician su carrera cuando empiezan a arrugarse. 

Pero bueno, aún no llega el día de ir al cine y meterle mente a todas esas ideas. Hoy, por lo pronto, ves caer el sol desde tu estudio y te animás pensando que desde tu trinchera, construida de palabras, podés meter un empujón para invitar a la reflexión y ayudar así a que este mundo sea más solidario, más equitativo, más humano para todas las personas que habitamos el planeta. 











Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hermoso! Disfrutè leyendo cada palabra y me identifiquè con tanto… Gracias Mauren por compartirnos un pedacito de tu enorme talento.
Anónimo ha dicho que…
Gracias por tu lectura!
Monica Riascos ha dicho que…
Precioso, Maureen, me llegó al corazón.

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