Estar con vida
¡Qué cosa tan extraordinaria, tan llena de posibilidades, es estar con vida!
Hace algunos días me recibió el atardecer en la puerta de salida de mi trabajo. Entre la explosión de colores y la silueta oscura de los árboles me vinieron a la mente las dos personas más cercanas a mí que ya fallecieron, ambos muy jóvenes: mi papá, Mario, y mi hermana Adriana. Pensé en los nietos que papi no pudo conocer y en los libros que Adri no alcanzó a escribir. Y me sentí privilegiada de estar viva, con tantas posibilidades en este hoy que, según yo lo vea, puede ser la rutina que me estrella contra las paredes o la aventura de lo cotidiano, del milagro que está ahí cada día brillando en un rincón, milagro al que doy por sentado y me acostumbro tanto a él que a veces dejo de verlo.
Todo esto viene a cuento porque esta semana cumplí años y en las últimas ocasiones he tenido la oportunidad de darme anualmente un regalazo: una semana de vacaciones. No es época de Navidad, ni Semana Santa; es agosto. Los integrantes de mi familia están en medio de sus obligaciones cotidianas y entonces, oh maravilla, son días para mí, para dedicarlos a lo que me plazca. "¿Vas a hacer algo especial?", es una pregunta recurrente que me hacen y mi respuesta es todo un ejercicio de contracultura: "Sí, no voy a hacer nada". Hacer "nada" significa, para mí: levantarme cada día sin un plan, acomodar esa gaveta con objetos que me significan, hacer siesta después de desayunar, ver una de las películas de la lista de pendientes, sacudir mis libros... o quizá ninguna de las anteriores, si no me apetece. Es el terreno de la absoluta libertad.
Y en este parque de diversiones de la vida cotidiana me doy espacio para disfrutar la casa. Finalmente me siento en la silla especial para leer que casi nunca uso. Siembro las matas de violeta de unas hojas que puse a echar raíces hace varios meses. Si me alcanza el tiempo, ya se me está terminando la semana, tal vez hasta cocine algún platillo de una colección gigante que tengo en Facebook titulada "Recetas" (no me hagan sentir tan sola, díganme que ustedes también coleccionan, por puro gusto, imágenes de Pinterest o publicaciones sobre las vagabunderías que les hacen felices).
Recordé un poema que habla de la casa y me di a la tarea de buscarlo mientras esperaba a que me lavaran el carro (esperé como dos horas, así que no crean que fue una búsqueda a lo loco). Había leído que este texto era de una poeta brasileña llamada Coralina; pero saltando de un enlace a otro encontré que se lo atribuyen por error. La autora se llama Neneca Parreira y lo escribió en la pandemia. Vean la belleza (el idioma original es portugués):
Y si no son gente que lee, dense la oportunidad. Escojan un libro de un tema que les atraiga y regálenle a su cerebro la oportunidad de descansar de pantallas, en quietud, en su ambiente preferido. Capaz y les gusta y encontrarán un regalo para el resto de su vida.
Dos veces fui a la FILCR: una para invertir los ahorros reservados para la ocasión y otra para disfrutar espacios de aprendizaje. En el primero participé de un conversatorio con Mauricio Molina sobre la escritura no creativa y el segundo fue un taller con Luis Chaves bajo el sugerente título de "Las palabras importan". Gracias Editorial Perro Azul y Centro Cultural de España (CCE) por auspiciar estos espacios. Ambos fueron en el LAB del CCE, que queda frente a la Casa del Cuño. Si van a la Feria, crucen la calle al LAB y disfruten además de una exposición sobre los 26 años de la Editorial Perro Azul. Producir libros de manera independiente es titánico en un país como Costa Rica; es tarea de compromiso, testarudez y amor. Pero no vayan solo por eso, vayan también porque la expo está hermosa, con recursos museográficos básicos y diversos, aprovechados de forma creativa.
Dormir, descansar, mirar hacia adentro y recordar lo que de verdad nos importa, hablar con Dios. Me vuelvo a encontrar conmigo misma. Ni se les ocurra idealizar mi vida. Detrás de la sonrisa, del amor por la literatura, del anhelo por vivir, hay también días llenos de afán, una ansiedad necia que ahoga con escenarios ficticios, momentos de enorme cansancio e incertidumbre.
Sigo aprendiendo a vivir el hoy, a reposar en el amoroso cuidado del Señor. Su gracia y su amor son suficientes, son los imprescindibles para sobrevivir en este mundo con tanta belleza, pero también con noticias horribles sobre sicariato y avalanchas. "Jesucristo basta", dice una canción que me gusta mucho y que volví a encontrar en estos días de descanso.
Así que, volviendo al inicio, ¡qué carajada tan maravillosa, tan extraordinaria, es estar con vida! Cuántas posibilidades. Una de ellas es la del servicio a la comunidad. Se habla tanto, tantísimo, en redes sociales. Sin embargo, ¿cómo sería Costa Rica si todos nos sumáramos a la vida en comunidad, a espacios ciudadanos para servir a otras personas? Con esa inquietud quedo luego de estos días de descanso.

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