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Vacaciones libreras

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Observé a la gente en el bus, casi todos con sus audífonos. Una señora conversaba animadamente con el chofer y una muchacha abrazaba a su bebé recién nacido que viajaba plácido en el cargador. ¿Cuántas de estas personas irán a visitar la Feria del Libro? ¿Serán gente que lee? ¿Sabrán que San José va a ser sede de esta fiesta literaria? No lo pude evitar, recordé que con frecuencia estoy en el bando de los raros, o al menos en el grupo del 43,2% de los costarricenses que se autodenominan lectores, según datos de la Encuesta Nacional de Cultura de 2016. 
Cuando el bus pasó frente a la Antigua Aduana observé los carteles que indicaban que ya había empezado la Feria Internacional del Libro (FILCR) y el Festival Centroamérica Cuenta (CAC). Susurré mentalmente: "en la tarde nos vemos".
La semana pasada me di permiso de pasar cinco días entregada a esa pasión llamada literatura, que cada día es más fuerte en mí. Como pasa con el vino, dicen, y como sucede en los buenos matrimonios, d…

El fiestón de la palabra ¡Llegó la Feria Internacional del Libro!

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"Mi abuelo me enseñó la lección más importante de todas, contar historias". 
Palabras del niño protagonista de la película "Australia". 
Tengo un recuerdo muy querido de mis años de infancia y adolescencia. Mi papá trabajaba lejos de casa como operador de maquinaria pesada, donde estuviera en ese momento la empresa constructora que lo hubiera contratado. A su regreso de la gira, cada dos o tres semanas, la cena era especial. Uno de los motivos era que usualmente nos traía pollo asado; pero lo realmente fascinante para mí era la sobremesa, cuando nos narraba historias de los pueblos en que había estado viviendo. Aún conservo en la mente las imágenes que yo construí, a partir de sus relatos, sobre San Isidro de El General y Puerto Jiménez.  Era el equivalente a la tribu sentada alrededor de la fogata. 

También me viene a la mente una conversación con  doña Rosa (la abuelita que crió a mi esposo). Yo estaba recién casada y durante una tarde completa me contó la historia …

Es suficiente

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Mientras ardía la Catedral de Notre Dame millones de personas alrededor del mundo sentimos un gran dolor. Se generan tantos pensamientos en pocos minutos. ¿Cuán eterno puede ser lo que construyamos aquí? Al final, recuerdo que en este mundo todo es efímero, temporal, por muy antiguas que sean las pirámides. Somos una especie inteligente, dotada de conciencia y capacidad para el lenguaje y la creación; sin embargo, una especie de peregrinos al fin y al cabo.
Me percato de que estamos en Semana Santa. Para mucha gente es el único momento destinado a pensar en Dios y asuntos espirituales, en medio de las películas de romanos y de los paseos por las vacaciones. Hay quienes se acercan a la iglesia, y quienes al menos pescan una oración en un almuerzo familiar de Viernes Santo.
Mucha gente no quiere saber nada de Dios, yo sé. Y lo comprendo.

Muchos han sido heridos de la forma más impensable y vomitiva, por la misma gente que debería haberles mostrado el amor y la bondad. Iglesias católicas

En marzo, un poema de Gioconda Belli

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Si leyeron la entrada de enero, se habrán enterado de la nueva tradición que he inaugurado en el blog. Cada mes, para iniciar, agarrar fuerzas y celebrar la vida, arrancaremos con un poema. Poesía como caldo para el alma, como una caricia en la espalda o el rayo de sol en el rostro, en una tarde fría. 

En marzo, el mes en que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, damos inicio con  Gioconda Belli, esa mujer y escritora nicaragüense, llena de colochos, a quien tanto admiro. El poema lo tomé de un regalo extraordinario que me dio mi hermana Adriana en Navidad: una joyita titulada "Siempre nos quedará la poesía. Poesía nicaragüense ilustrada" (2004), compilado e ilustrado por José Aragón Guzmán, de la Editorial Hispamer. 

Y sin más que añadir, aquí vamos. ¡Qué lo disfruten!



Sencillos deseos 
Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el pelo y quisiera besos en la espalda acurrucos que me dijeras la más grande de las verdades  o las más grandes mentiras que me dijeras por…

Ofensores sexuales en mi linda Costa Rica

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Cuando tenía 11 años pasé unos meses en una escuela unidocente en Pérez Zeledón, en la que recibiría mi diploma de sexto grado. Era un momento de vulnerabilidad económica y social para mi familia, poco después de un terremoto que había destruido los caminos para llegar a la finca en que vivíamos y que nos había obligado a pasarnos de casa.

Yo tenía 11 años y apariencia de muchacha. Una mañana, el maestro se me quedó mirando durante el tiempo del desayuno en el comedor:

- Anoche me soñé con usted, Maureen.

- ¿De verdad, don? ¿Y qué se soñó?-, dije yo con toda la ingenuidad del mundo a cuestas.

Sus ojos refulgieron y apareció una sonrisa maliciosa:

- Ah, no. Eso no se puede contar.

Hasta el día de hoy me da una rabia enorme recordar el episodio. Aunque creo que en ese momento no me indignó tanto como debía, como que procesé el asunto a los años, más adulta. Sospeché que algo no estaba bien y creo que tiempo después se lo conté a mi mamá, cuando ya vivíamos en otro pueblo, y dichosamente el su…

La poesía es como el pan

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"¿Para qué sirve la poesía?", le pregunto a Google solo por hacer el experimento.
Encontré más belleza de la que esperaba en una consulta lanzada así, sin pensarlo mucho, al ciberespacio:
"La poesía debe funcionar como una fotografía que es capaz de recoger en palabras, en un instante, en un golpe de luz, las imágenes que enfoca. Sólo la poesía salva del olvido lo que muchos en largas horas de discursos y conversaciones quisieron decir sin lograrlo", dice Alvaro Miranda.Descubrí que mi pregunta no era para nada original. Solo para citar un ejemplo, en 2012 el Diario El País, de España, se la planteó a un grupo de autores españoles .

De las respuestas de los poetas me conecté particularmente con la de Joaquín Pérez Azaústre: 

“La poesía, si sirve para algo que se pueda mostrar de forma palpable, es para intensificar una mirada trascendente sobre lo cotidiano. Encontrar el misterio y el fulgor que anida en lo visible. Un realismo trascendido. Como lector, el misterio a v…