viernes, 26 de agosto de 2011

39 razones para dar gracias


Mañana, 27 de agosto de 2011, cumplo 39 años. Tal vez yo sea una mujer extraña, pero nunca me ha molestado decir mi edad. Digo "tengo 39" como quien muestra un trofeo, porque la verdad sea dicha la Maureen de hoy me gusta más, y por mucho, que la de hace 20 años.

Siempre, desde que era una niña, me ha encantado cumplir años. Para mí se trata de un día especial. No necesito fiestas extravagantes o derrochadoras para sentirme feliz. Basta con ponerme una ropa que me guste, invertir tiempo en algo que me fascine y apagar una vela al lado de la gente que amo, para que se trate de una celebración maravillosa.

Mañana espero que mi fiesta personal esté amenizada por pequeños-grandes regalos con los que Dios bendice mi vida cotidiana. Se trata de señales inequívocas de que la vida fluye, por su gracia inmerecida.

Espero disfrutar del sonido de la lluvia, del móvil de bambú que al bailar en mi corredor suena como marimba y de alguna canción favorita, como "Jesús es el camino", con Jesús Adrián Romero y Marcos Vidal. Tengo planeado sentir la energía deliciosa que me producen la caminata y el trote, y el placer extraordinario de una ducha posterior. También me gustaría disfrutar de alguna película que me guste, mientras el quemador esparce la fragancia de la magnolia. Y, por supuesto, espero saborear una exquisita tajada de queque -con lustre, mmmm....- acompañada de una taza de café.

Será un día para dar gracias a Dios. En primer lugar por Pily, la mujer que me dio a luz, que me enseñó a caminar, que me dijo que soy muy inteligente y que me ha amado todos estos años. Daré gracias por mi familia -la extendida y la cercana- y sobre todo por esas personas amadísimas que se llaman Víctor, Jonatán y Lucía. Y, sin duda alguna, hay que incluir en la lista a los amigos, a los viejitos y a los nuevos, que son una caricia en la espalda para cada momento de mi vida.

Hoy, de forma totalmente inesperada, recibí un regalo anticipado. Se trató de una conversación que Víctor y yo tuvimos con un hombre maduro, lleno de Dios, quien nos compartió su perspectiva de la vida: "hay que vivir cada día como si el mañana no existiera, como si este fuera el último, dar lo mejor de uno mismo en este día, agradar a Dios y servir a los demás". Me acordé de la Biblia, que dice que somos peregrinos en este mundo, de camino al sitio mejor que el Señor Jesús fue a preparar para nosotros. La esperanza que trae a mi vida el mensaje redentor del Maestro es la cereza en el pastel de mi lista de agradecimientos.

¡Ah, qué maravilla ser una mujer que se aproxima a los 40! En ningún otro momento de mi historia he tenido los senos mejor puestos que ahora. Bendito sea Dios por eso. Les invito a levantar la copa conmigo y brindar por la vida.

2 comentarios:

Laura Casasa dijo...

Querida Mau:

Primero, ¡¡feliz cumpleaños!! Qué alegría que estés tan feliz con tu vida y con tu camino. A mí tampoco me da miedo decir mi edad y creo que, aunque no me gustan las arruguitas que se están formando en mis ojos y en mi frente, sí me gusta la certeza y la convicción de lo que uno desea y lo que uno es que solo viene con los años. Me siento muy orgullosa de conocerte y de compartir con vos muchas cosas en común. Un abrazo.

Maureen Herrrera Brenes dijo...

¡Gracias, Laura! Sí, se siente rico madurar, ¿verdad? Y por lo demás, entre las cremas y los tintes se puede mantener la coquetería, ja, ja. Abrazos, amiga.